domingo, 26 de abril de 2009

Reencuentro en el Poligono Sur (Sevilla).

El viernes por la noche volví a la Flora Tristán, volví a mi casa de Las Letanías (Polígono Sur), después de algo más de un año.
La visita con motivo de una fiesta de una compañera del Master que ahora vive allí estuvo llena de recuerdos, una pena que no estuviera también plagada de reencuentros con viejos amigos, pero supongo que la gente se habrá ido como yo, cada uno a su debido tiempo.
Subimos a la azotea desde la que se ve todo el barrio "Las 3000", momento que me emocionó, por que desde ahí mostraba a los compañeros los entresijos del barrio y las historias de niños absentistas, drogadictos y gitanos que iba recordando...

Hoy me acordé de un blog que escribe un compañero que al igual que yo hice durante 3 años, trabaja por hacer de ese barrio un lugar un poquito mejor. Se llama Antonio Dominguez y su blog
www.mipoligonosur.org/

Aquí os reproduzco una entrada muy interesante escrita eso sí, antes de Navidad. Está tomada de un periódico pero expresa muy bien la realidad que allí se vive.
Va por esas personas que siguen trabajando por que la vida en ese barrio sea un poco más digna.

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Los efectos de la crisis Las dificultades familiares aumentan en un barrio deprimido.


Vecinos en apuros en Jesús Obrero.

La parroquia de la barriada Murillo, en el Polígono Sur, lleva mes y medio desbordada por familias con carencias urgentes que los trabajadores sociales del Ayuntamiento no pueden atender por falta de fondos.

Hipólito Gómez y María Paz Siboni (tercera por la izquierda) charlan con seis mujeres en Cáritas.


Interior de la tienda de Jesús Obrero, en plena actividad.

La crisis económica en barrios desfavorecidos de Sevilla está provocando situaciones desesperadas en familias que antes vivían con lo mínimo, como en la barriada Murillo (Tres Mil Viviendas) del Polígono Sur. Ahora hay días que no tienen qué comer o a lo sumo les queda un paquete de lentejas para una media de cinco a diez personas. El paro y la subida de la renta de alquiler al doble o al triple han agravado los problemas cotidianos de la población de la zona sin que lo remedie la ley de Dependencia. Hasta septiembre, los trabajadores sociales del centro cívico El Esqueleto cubrían buena parte de estas carencias, pero, con los fondos municipales agotados hasta marzo de 2009 por la burocracia, los técnicos están derivando a los afectados a su parroquia, en este caso la comunidad salesiana de Jesús Obrero. El párroco José González, los voluntarios de Cáritas y la trabajadora social se han visto desbordados ante las colas de vecinos que los martes y jueves piden ayuda urgente cada semana. Hay más casos de droga y de gente que duerme en la calle. "La crisis se nota muchísimo. Recibimos avalanchas de gente los martes y jueves desde hace mes y medio con problemas de todo tipo desde económicos a domésticos. Vienen a buscar ayuda para pagar la contribución de luz o de agua, reparar los cristales de las ventanas para que no entre tanto frío, la nevera, la lavadora... Otros no tienen dinero para pagar los seguros del coche o para renovar los carnés de conducir vehículos pesados con los que podrían salir del paro. La semana pasada nos desesperamos de ver tantas necesidades sin poderle dar solución", relata la religiosa María Paz Siboni, una de las ocho personas voluntarias. "Los casos más importantes que nos vienen son de gente que no tiene para comer; se han quedado en paro o bien no pueden hacer frente a deudas o alquileres de 300 euros que han subido a 600 euros", cuenta angustiado Hipólito Gómez, director de Cáritas de Jesús Obrero. La precariedad ha abierto agujeros insalubres en cocinas o baños por los que salen cucarachas y ratas, explica Rosario Díaz, que visita los domicilios para comprobar la situación de los afectados y, ante la falta de fondos, no se da abasto para atender necesidades de desratización o fumigación en los pisos. Rosario concluye sin duda que "antes, aquí había mucha pobreza, pero este año hay hambre". En la cola de vecinos en apuros esperan 14 personas su cita con Cáritas. Es jueves por la mañana y no hay citas libres hasta dentro de tres semanas. Carmen R. no sabe cómo estirar los 600 euros que entran en casa para pagar deudas y alimentar y vestir a dos hijos, una nieta y un marido enfermo de 57 años con cinco operaciones. "Es la primera vez que me veo aquí. Hemos pagado todas las deudas y ahora estamos en las mismas porque necesitamos comer", refería con preocupación a este periódico. A su lado, vestida de negro, Remedios busca apoyo en Cáritas porque se le agotó el trabajo de limpiar escaleras en el barrio y necesita ingresos para un hijo adolescente y otro enganchado a la droga que le roba en su casa. Con la crisis se le esfumó la posibilidad de ganar 400 euros con un cursillo remunerado de limpiadora de mantenimiento que iba a hacer este mes en la Junta. El martes pasado llegó un caso de desahucio por impago de alquiler de una pareja en paro con dos hijas, vecina de Las Vegas, en la que no entra un duro hace meses; él del sector de la construcción y ella, Maribel, cocinera en un restaurante. Los echaron a la calle el 31 de octubre y están de okupas en un piso del barrio, pero la Administración quiere retirarles temporalmente a sus hijas. El caso se derivó a la parroquia de San Pío.El caso de los inmigrantes es aún peor. El jueves llegó una familia nigeriana pidiendo comida para el bebé de ocho meses de su hija; el trabajo de vendedor de pañuelos del marido no les llega para tanto. Lourdes, la voluntaria con más experiencia, sólo pudo darle una cita para estudiar su caso el martes siguiente, pero la familia se fue contenta.La solución que da la parroquia de Jesús Obrero a estas dramáticas situaciones son muy limitadas. Antes de la crisis se colocaba a los parados en empresas colaboradoras de la fundación salesiana Incorpora, en lavanderías del barrio o comercios de otros barrios, algo imposible con la que está cayendo. Así pues, para disgusto del párroco José González y su equipo, no pueden ayudar más que con algún dinero con el que ir tirando, aunque sean 30 euros. "Ahora no tenemos medios para necesidades muy serias con raíces muy profundas. Sólo la buena voluntad no sirve y las buenas palabras tampoco. La solución es educativa y de empleo", lamenta Hipólito Gómez, crítico con que el comisionado del Polígono Sur tenga 40 trabajadores sociales que poco pueden hacer si falta presupuesto del Ayuntamiento para atender a las familias en apuros. "Estamos en situación de impotencia. Nosotros lo que hacemos es un parcheo, darle para que hoy coma, un puro asistencialismo, pero la situación se repite sin que podamos promocionar de verdad a la persona", denuncia el párroco.Por fortuna no todo son desgracias. La vecina María José R., pese a la crisis, prospera con la cooperativa de pintura que montó con ayuda de Cáritas y cada mes reúne ingresos para devolver poco a poco ese préstamo a la parroquia. Ejemplos de promoción de las personas como éste son los que compensan y por los que luchan el párroco y sus voluntarios.


Diario de Sevilla - Ana Sánchez Ameneiro

jueves, 23 de abril de 2009

A la Iglesia de Dios que está en España

Leyendo la web de Juan Torres López, encontré este artículo tan interesante que merece la pena ser difundido por donde pueda. Y aquí pongo yo mi granito de arena.

A LA IGLESIA DE DIOS QUE ESTÁ EN ESPAÑA

Somos conscientes de que este escrito es un procedimiento extraordinario, pero nos parece que también es extraordinaria la causa que lo motiva: la pérdida de credibilidad de la institución católica, en toda Europa, y que en buena parte es justificada, está alcanzando cotas preocupantes. Este descrédito puede servir de excusa a muchos que no quieren creer, pero es también causa de dolor y desconcierto para muchos creyentes. A ellos nos dirigimos principalmente.

La Iglesia fue definida desde antiguo como santa y pecadora, “casta prostituta”. Crisis graves no han faltado nunca en su historia, y la actual puede dolernos pero no sorprendernos.

Toda crisis es siempre una oportunidad de crecimiento, si sabemos en estos momentos “no avergonzarnos del Evangelio” y amar a nuestra madre. Sabiendo que el amor a una madre enferma no consiste en negar o disimular su enfermedad sino en sufrir con ella y por ella. Si deseamos una Iglesia mejor no es para militar en el club de los mejores, sino porque Jesucristo se la merece.

1.- No hay aquí espacio para largos análisis, pero nos parece claro que la causa principal de la crisis es la infidelidad al Vaticano II y el miedo ante las reformas que exigía a la Iglesia. Ya durante el Concilio se hicieron durísimas críticas a la curia romana. Más tarde Pablo VI intentó poner en marcha una reforma de esa curia, que ésta misma bloqueó.

Es muy fácil después convertir a un papa concreto en cabeza de turco de los fallos de la Curia. Pero nosotros preferimos expresar desde aquí nuestra solidaridad con Benedicto XVI, a nivel personal y a pesar de las diferencias que puedan existir a niveles ideológicos: porque sabemos que los papas no son más que pobres hombres como todos nosotros, que no deben ser divinizados. Y que si algún error grave se cometió en todos los pontificados anteriores fue precisamente el dejar bloqueada esa urgente reforma del entorno papal.

2.- Una de las consecuencias de ese bloqueo es el injusto poder de la curia romana sobre el colegio episcopal, que deriva en una serie de nombramientos de obispos al margen de las iglesias locales, y que busca no los pastores que cada iglesia necesita, sino peones fieles que defiendan los intereses del poder central y no los del pueblo de Dios.

Ello tiene dos consecuencias cada vez más perceptibles: una es la doble actitud de mano tendida hacia posturas lindantes con la extrema derecha autoritaria (aunque sean infieles al evangelio e incluso ateas), y de golpes inmisericordes contra todas las posturas afines a la libertad evangélica, a la fraternidad cristiana y a la igualdad entre todos los hijos de Dios (tan clamorosamente negada hoy).

Otra consecuencia es la incapacidad para escuchar, que hace que la institución esté cometiendo ridículos mayores que los del caso Galileo (porque éste, aunque tenía razón en su intuición sobre el movimiento de los astros, no la tenía en sus argumentos; mientras que hoy la ciencia parece suministrar datos que la Curia prefiere desconocer: por ejemplo en problemas referentes al inicio y al fin de la vida). La proclamada síntesis entre fe y razón se ve así puesta en entredicho.

3.- Pero más allá de los diagnósticos, quisiéramos ayudar a actitudes de fe animosa y paciente para estas horas negras del catolicismo romano. Dios es más grande que la institución eclesial, y la alegría que brota del Evangelio capacita hasta para cargar con esos pesos muertos.
No vamos a romper con la Iglesia, ni aunque hayamos de soportar sus iras. Pero tememos la lección que nos dejó la historia: las dos veces en que el clamor por una reforma de la Iglesia fue universal y desoído por Roma, están relacionadas con las dos grandes rupturas del cristianismo: la de Focio y la de Lutero. Ello no significa que la ruptura fuese legítima: sólo queremos decir que no pueden tensarse las cuerdas demasiado.

Tampoco vamos a romper, porque la Iglesia a la que amamos es mucho más que la curia romana: sabemos bien que apenas hay infiernos en esta tierra donde no destaque la presencia callada de misioneros, o de cristianos que dan al mundo el verdadero rostro de la Iglesia.

Durante gran parte de su historia, la Iglesia fue una plataforma de palabra libre. Hoy nadie creerá que un santo dulce como Antonio de Padua pudiera predicar públicamente que mientras Cristo había dicho “apacienta mis ovejas”, los obispos de su época se dedicaban a ordeñarlas o trasquilarlas.

Ni que el místico san Bernardo escribiera al papa que no parecía sucesor de Pedro sino de Constantino, para seguir peguntando: “¿hacían eso san Pedro o San Pablo? Pero ya ves cómo se pone a hervir el celo de los eclesiásticos para defender su dignidad”. Y terminar diciendo: “se indignan contra mí y me mandan cerrar la boca diciendo que un monje no tiene por qué juzgar a los obispos. Más preferiría cerrar los ojos para no ver lo que veo”...

Precisamente comentando este tipo de palabras, escribía en 1962 el papa actual (en un artículo titulado “libertad de espíritu y obediencia”): “¿es señal de que han mejorado los tiempos si los teólogos de hoy no se atreven a hablar de esa forma? ¿O es una señal de que ha disminuido el amor, que se ha vuelto apático y ya no se atreve a correr el riesgo del dolor por la amada y para ella?”.

Así quisiéramos hablar: no nos sentimos superiores, pues conocemos bien, en nosotros mismos, cuál es la hondura del pecado humano. La Escritura enseña que el destino del profeta no es el protagonismo sino la incomprensión; y ante eso nos obligan las palabras del apóstol Pablo: “si nos ultrajan bendeciremos, si nos persiguen aguantaremos, si nos difaman rogaremos”. Pero nos sentimos llamados a gritar porque también hay allí una imprecación impresionante que tememos tenga aplicación a nuestro momento actual: “¡por vuestra causa es blasfemado el nombre de Dios entre las gentes!”.

“Fijos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe” sabemos que podemos superar estos momentos duros sin perder la paciencia ni el buen humor ni el amor hacia aquellos que nos hacen sufrir. Este es el testimonio que quisiéramos dar con estas líneas.

Juan Antonio Estrada, Imanol Zubero
y más de 500 firmas

lunes, 20 de abril de 2009

Crisis y ejemplos-semilla

Con su permiso, este tío es la leche. Sólo leed con tranquilidad, disfrutad, reflexionar e interiorizar:


Alguien comprometido con el pensamiento originario y que se preocupa del destino de la humanidad y de nuestra Casa Común debe tener la valentía de decir: para que salgamos de la crisis no sirven solamente los controles y regulaciones de los capitales financieros y de los mercados, como quiere la tendencia dominante. Son panaceas que no afectan a la raíz del caos actual. Quieren ahorrarse cambios radicales que, si se hiciesen, nos librarían de una tragedia global. Prefieren alimentar y vender las ilusiones de que dentro de poco tiempo todo va volver a la normalidad. Pero no va a ser tal como quieren.

El hecho es que el sistema y la cultura del capital ya no sirven para explicar la marcha de la vida social de la humanidad. Las muchas crisis son expresiones de una única crisis: la crisis espiritual. No hay que identificar lo espiritual con las religiones y las Iglesias. Al contrario, a partir de lo espiritual debemos criticarlas a ellas, especialmente a la Iglesia Católica, que bajo el actual Papa vive una aterradora crisis espiritual. Basta considerar la falta de compasión que el Papa demostró en su reciente viaje a África a propósito del sida, que en algunos países es verdaderamente devastador.

Cuando hablo de espiritualidad pienso en un nuevo sentido de ser, en un nuevo sueño colectivo, entretejido de valores infinitos como la cooperación, la solidaridad, el respeto a cada ser, el cuidado de toda la vida, la armonía con naturaleza, el amor a la Madre Tierra y la pluralidad de expresiones de lo Sagrado.

Una sociedad y una economía sólo serán sostenibles si sus líderes y sus ciudadanos se mueven por valores y principios que respondan a los desafíos de la crisis, importando poco las dificultades exigidas. Se asumen con coraje porque es una exigencia de este momento histórico y no por intereses de los filisteos de Wall Street que nos engañaron. Estos toleran, con resistencias, controles siempre que no perjudiquen la dinámica del libre mercado ni la lógica de la acumulación. Quieren lo mismo sólo que más seguro.

Los valores nuevos y los ejemplos-semilla son los que verdaderamente convencen. Cito el ejemplo de un empresario japonés, Yazaki, narrado por la física cuántica Danah Zohar, en un precioso libro que aconsejaría leer a los empresarios: Inteligencia Espiritual (Plaza&Janés 2002).

Yazaki heredó una pequeña empresa de entrega directa. Se expandió por todo el mundo. Consiguió todo lo que quería: éxito, riqueza, respeto de la comunidad y una familia unida. Pero sentía que le faltaba algo. Le corroía un gran vacío interior. Le sugirieron que frecuentase un monasterio zen. Pasó allí una semana en meditación con un respetado maestro. Se encontró con su yo profundo y la conexión que éste mantiene con todo. Se dio cuenta de que los bienes materiales eran ilusorios porque no lo llenaban, solamente le daban satisfacción material.

Salió del monasterio con otra mirada. Comenzó a percibir la belleza de un cerezo en flor y la sencillez de un caqui maduro. En su autobiografía escribió: «Los seres humanos han separado el yo del mundo, la naturaleza de la humanidad y el yo personal de los otros yos. Por eso han caído en la trampa de las ilusiones en el esfuerzo de llenar el yo vacío. Y se han convertido en víctimas fatales de un aterrador escenario de autoengaño, de hipocresía y de fariseísmo».

La experiencia espiritual no lo llevó a abandonar el negocio. Le dio otro sentido. Cambió el nombre de la empresa por el de «Felicísimo», derivado del «feliz» de las lenguas latinas. La acumulación debía destinarse a aumentar la felicidad humana, de él y de los otros. Estuvo en Río-92 para enterarse de los problemas ambientales. Destinó gran parte de su fortuna a fundaciones que cuidan de la educación y del ambiente. Termina su libro diciendo: «servir a ese nivel es servir a Dios». Con él se supera la crisis y la humanidad da un pequeño salto en dirección a aquello que debe ser.

miércoles, 15 de abril de 2009

Europa cerrada

Ha llegado a mis manos uno de esos mails con un Power Point muy interesante. No acostumbro a hacer esto, pero como además es bonito, aquí os lo reproduzco, espero que lo disfruteis.

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Parece bastante hipócrita la tenacidad con que Europa procura evitar la llegada de inmigrantes africanos, cuando no son otra cosa que el residuo patético de sus correrías coloniales de varios siglos.


¿Acaso espera Europa que luego de centurias de saquear África despojándola de su cultura, de sus recursos materiales y humanos, de inyectarla con su fiebre perniciosa de consumo, vaya a poder encarar el nuevo milenio como una suerte de castillo artillado y compacto en cuyo interior todos son felices mientras fuera cunde el hambre y la desesperación?



En el cuento de Edgar Allan Poe 'La máscara de la muerte roja' se simboliza la futilidad del intento del príncipe de encerrarse en su palacio a dar fiestas hasta que pase la peste.

La muerte acabó entrando igual. Europa es rica gracias, en buena medida, a todo lo que se llevó de África.

¿Esperan acaso que los africanos hambrientos se queden padeciendo la miseria de sus latrocinios mientras las sociedades europeas disfrutan de altos estándares de vida?

¿Creen que es tolerable que quien los robó, mató y violó centenariamente se avenga a pontificar y a darles lecciones sobre moral internacional y derechos humanos?

¿No recuerdan, ingleses, las masacres de Kenya; los despojos de Rodhesia? ¿No recuerdan, franceses, cuánto robaron de Daka
r y de Costa de Marfil?

¿No recuerdan, alemanes, los campos de concentración de Namibia y los cráneos del pueblo herero diezmado que aun conservan en el Museo de Medicina de Berlin?

¿No recuerdan, belgas, sus atrocidades en el Congo? ¿No recuerdan, portugueses, sus excavaciones depredadoras en busca del oro de Angola, sus cacerías de esclavo
s en Mozambique? ¿No fue vuestra codicia y vuestra fatuidad, europeos, lo que regó de tanta sangre de niños inocentes a los diamantes de Sierra Leona?

Y ahora se permiten el airado lujo de repeler estas barcazas de desesperados, de encerrar y de deportar a los fugitivos que anegan sus costas y afean sus glamorosas playas mediterráneas.

Si Europa fuese consecuente con sus propias políticas de derechos humanos tendrían que acoger con los brazos abiertos a los africanos y suplicarles perdón de rodillas, ofreciéndoles compartir algo de lo que se llevaron de sus tierras.


Y lo curioso es que estos abanderados de la angustia no piden lo que les correspondería, la devolución de lo que les pertenece.
Apenas piden las migajas de una limosna, vender baratijas en las plazas, repartir diarios o limpiar automóviles... Y aun así no los quieren.



Demasiado doloroso el espectáculo, demasiado triste que en el centro de vuestra gran civilización se muestren los rostros
oscuros de las víctimas que la hicieron posible.
Vuestra ceguera es admirable, vuestra hipocresía criminal, vuestra bajeza formidable.
Mediten largamente sobre lo que están haciendo europeos.
Ustedes, hacedores de historia, serían por demás estúpid
os si olvidasen sus enseñanzas.

Todo el poder de Roma no impidió su caída a manos de los bárbaros hambrientos de la Germania y del Tártaro.

Toda la majestad de Britannia se derrumbó sin atenuantes antes las masas hindúes encendidas por un hombrecito de apariencia insignificante y de corazón inmenso.

Despierten de su sueño torpe y de su fantasía narcótica.

El mundo ruge desesperado en torno vuestro.

¿Cuánto más creen que podrán fingir no escuchar?

Europa desea permanecer cerrada mientras una África saqueada se desangra... igual que nuestra América Latina... igual que el Oriente de segunda...


No puedo aceptar tanta belleza en las artes haya surgido de corazones duros...

Seguramente Europa abrirá su corazón, sus puertas...

Seguramente aprenderemos algún día a tratarnos todos los seres humanos como iguales, porque si no fuera así estaríamos aceptando distintos genocidios ocurridos a lo largo de la historia comohechos normales...




Hasta pronto.

domingo, 12 de abril de 2009

Algo sobre Religión...

Buscando artículos interesantes para publicar por aquí referentes a la religión, ya que estamos en una semana especial para los cristianos, os podeis imaginar lo que se puede encontrar...
Desde cositas esperanzadoras, llenas del "milagro de Cristo", de ese amor que profesó; Hasta penosos artículos que critican sin conocer o hablan sin razón.

Espero que sepais ver en el fondo de estos últimos, pues hacen un daño muy grande a los que creemos en que "la religión libera". (Pero claro, hay que conocer un poquito sobre ella...)

Aquí teneis un pequeño ejemplo de esa esperanza:

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El arzobispo pondrá parte de sus ahorros para la iniciativa

La archidiócesis de Nápoles creará un banco de microcréditos para pobres

El arzobispo de Nápoles, el cardenal Crescenzio Sepe, aportará el sueldo de un año y parte de sus ahorros personales para poner en marcha el fondo de un banco diocesano que concederá microcréditos a personas necesitadas. Así lo asegura en su carta pastoral "¿Dónde compraremos el pan?", presentada esta semana en Nápoles, en la que explica que la iniciativa pretende responder a la crisis actual y concretamente a "emergencias de jóvenes desempleados y de aquellos que han perdido o van a perder sus puestos de trabajo".

(Zenit/ReL) "Cristo quiere usar hoy nuestras manos para repartir el pan del compartir, de la fraternidad, de la caridad", señala, e invita a los que puedan a ayudar a financiar la iniciativa.

El cardenal explica que "lejos de ser una mera práctica del asistencialismo, el microcrédito es una manera de resucitar la creatividad de nuestro pueblo" y "significa tener el coraje de creer y apostar por la posibilidad de multiplicar los panes y los peces".

La carta pastoral debe su título a una pregunta que los discípulos dirigen a Jesús antes del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, narrada en el Evangelio de Juan: ¿Dónde podemos comprar pan para darles de comer?

El cardenal Sepe destaca que también en estos tiempos de crisis "nos enfrentamos a una multitud hambrienta que, como ovejas sin pastor, pide pan".

"Ofrecer una oportunidad a aquellos que buscan el pan es la única manera que tenemos los cristianos para afrontar el desempleo y la nueva pobreza contribuyendo a la reestructuración del tejido social en un momento en el que la economía no ofrece oportunidades", añade.

La diócesis impulsa esta iniciativa "en continuidad con lo que han dicho los obispos italianos que han incitado a "una cruzada de amor y de socorro" y apoyan la creación de un fondo de solidaridad para desempleados", explica.

En su carta pastoral, el cardenal describe la crisis actual, indicando que "hemos construido nuestra sociedad sobre arena y no sobre roca, basándonos en el mero cálculo económico; hemos elevado la enésima torre de Babel".

"Creíamos que la globalización de los mercados supondría una mayor prosperidad y riqueza para todos, pero en lugar de eso hemos globalizado la pobreza", añade.

"Y ahora, en la tarde, todos nos juntamos en el mismo barco y, al igual que los discípulos, mientras el Maestro les instaba a que tuvieran cuidado con la levadura de los fariseos, no sabemos decir otra cosa que: "No tenemos pan".

El arzobispo de Milán afirma también que se siente interpelado por el sufrimiento causado por la crisis, especialmente en los más pobres, y señala que "la Iglesia, como siempre, se siente fuertemente comprometida con esta causa, ya que la considera como su misión, su servicio, como muestra de su fidelidad a Cristo, para ser realmente "Iglesia de los pobres'".

Publicado el 12 Abril 2009 en http://www.religionenlibertad.com

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Por otro lado este es uno de esos artículos que me despiertan pena al leerlos, ya que leo un odio infundado que es muy difícil desterrar de las personas y que no nos hace nigún bien, "ni a él ni a mí." (En rojo mis aportes)


El timo de la religión

Público

Un timo es la "acción y efecto de timar", y por timar debe entenderse, en su acepción general, "quitar o hurtar con engaño". Pero, en un sentido más específico y relevante, timo significa "engañar a otro con promesas y esperanzas" (DRAE). En esta clase de engaños existe una subclase especialmente dramática, en virtud del alcance y las consecuencias que puede tener en la vida personal de los timados. Me refiero al timo de la religión.

Lo que en este timo resulta definitorio consiste en prometer algo que es de toda evidencia contra natura: la negación de la muerte (en la religión cristiana la muerte no es entendida como la muerte del cuerpo, los cristianos morimos cada día para volver a la vida renovados al día siguiente, o morimos en parte cuando nuestros familiares fallecen, o cuando vemos una injusticia...) y la afirmación de una felicidad plena. (¿felicidad plena contra natura? Que pocas ganas de vivir tiene este hombre. Los cristianos creemos que la finalidad del hombre es la búsqueda de esa felicidad, en la felicidad de los demás, pero al igual que con la paz, la misma felicidad es el camino para ello. Por encima de todo hay que ser feliz y sobre todo "estar feliz" con uno mismo en este mundo, ya que sólo tenemos una vida para serlo.) Por esta razón nuclear y fantástica, y por algunos de sus corolarios, al timo religioso le ha cabido el honor histórico de ser el padre de los demás timos, y así, el más pernicioso, pues su engaño descansa sobre el mito más irreal generado por la mente humana: el de la existencia de almas y espíritus inmateriales como entes reales, (el cristianismo entiende el alma de una persona como su forma de ser, como aquello que les lleva a actuar de una determinada manera. También puede ser nuestro "Dios interior", os explico. Al creer que Cristo fue Dios y no sólo un mero Profeta, creemos también que todas las personas son Dios de alguna manera y que Dios está en todas las personas, de ahí el alma.) y también de sus derivados, los dioses de los politeísmos, el Dios de los monoteísmos y los espíritus de los panteísmos (Cuanto daño nos han hecho aquí las distintas sectas o errores de la iglesia, que también los a tenido, muchos y muy importantes).

Para que ocurra un timo se precisa una relación de engaño entre dos sujetos: el timador y el timado. Y además se requiere un referente que especificará la naturaleza concreta del engaño. En esa relación, el oferente promete lo que en la fase profética de la religión se llamó la salvación personal (lo que antes llamábamos felicidad plena), porque está asistido por Dios o el gran Espíritu y cuenta con su delegación. Es decir, actúa por procuración divina (por que Dios está en todos nosotros como he dicho antes, y si de verdad una persona cree que Dios actúa por medio de él, él debe llevar a cabo el plan de Dios en su vida, que puede ser algo tan simple como vivir humilde y sencillamente. Aunque esto tiene el peligro de que las personas actúamos creyendo que tenemos la única razón absoluto, lo cual es en la mayoría de los casos, falso.) o parte ya como un redentor divinizado que ostenta el poder de cumplir la realización de las promesas pactadas. Porque el vínculo personal constituido por la fe religiosa es un contrato sinalagmático (del verbo griego synallásso o synallátto: unir, pactar, conciliar), por el cual el oferente propone al ofertado una especie de trato jurídico recíproco que obliga a ambos al cumplimiento íntegro de lo prometido, de modo que, en caso de incumplimiento, las partes asumen la condición de felones según quien sea o no el culpable de la ruptura. (Los tratos que hacemos con Dios y sin hacerme falta una persona medidora que lo represente en la tierra, son de total libertad personal.Ni Dios ni nadie me puede exigir que lo cumpla si yo no quiero. Hay una pega, y es que Dios confía en mí, es decir, confía en que si dejo de cumplir nuestro "trato" -responsabilidad que tomo personal y libremente de llevar una vida tal y cual...- es con alguna causa importante, razonadamente y consciente de lo que hago. En el fondo creemos que la vida que nos guarda Dios es la que nos lleva a la felicidad por lo que nunca la dejaremos, salvo escepciones claro.)

Sin embargo, la constatación del incumplimiento que debe exhibir la parte que se considere perjudicada resulta muy problemática en el momento de atribuir la carga de la prueba. Si esto ya es así en las causas jurisdiccionales terrenales, imagínese el lector qué sucede cuando el contrato recae entre almas, espíritus y dioses, entre ángeles y demonios o entre la demás ralea de esos espacios celestes o infernales en los que se lucha por premios o castigos eternos, o por rebajas de pena a golpe de costosísimas indulgencias, o por intercesiones de vírgenes y santos con clientelas propias, con trámites complejos y costosos en los cuales los "económicamente débiles" suelen estar en condiciones evidentes de inferioridad. Una dificultad prácticamente insuperable se presenta cuando el máximo tribunal divino tiene que decidir quién se ha salvado o condenado, estableciendo así, sin réplica, lo siguiente: si se ha producido ya un incumplimiento insanable; quién ha sido el imputable, y qué pena o premio le corresponde. En esta coyuntura se da la curiosísima situación de que el tribunal divino es juez y parte, y por su propia entidad es omnisciente, justiciero y misericordioso. Cualquier intención del condenado de clamar inocencia no sólo pondría en cuestión la excelencia del tribunal, sino que su rebeldía demostraría la justicia de la sentencia y su ineludible condición de réprobo

Lo chocante y espantoso del timo religioso consiste en su inicua ventaja sobre los timos mundanos: mientras todos los códigos jurídicos modernos establecen garantías en relación con la celebración y el cumplimiento de los contratos –exigiendo una eficiente identificación personal de los contratantes o una declaración de sus voluntades sin coacción o intimidación, etc.–, las confesiones de fe se atribuyen ritualmente por las Iglesias a recién nacidos, enfermos, moribundos, torturados en las mazmorras de la Inquisición o poblaciones enteras en virtud de concordatos fraudulentos que enajenan la voluntad de las personas y la soberanía de los Estados. Los fieles depositan sus conciencias en el palio de sus iglesias mediante una fe transmitida mecánicamente en el hogar y la escuela, una fe meramente gestual y vehiculada por mitos infantiles y creencias que, al ser aceptadas sin verdadera convicción y sin escrutinio intelectivo, degradan la dignidad humana y dañan la capacidad cognitiva de sujetos dotados de los atributos innatos de inteligencia y creatividad. (Aquí debo decir que estoy "casi a favor" de lo que dice el autor. La religión debe liberar, y si no lo hace, es por que la tradición nos fuerza a acatar tal religión desde que nacemos y sin conocimiento de causa. Si alguien quiere o no ser cristiano, católico, musulmán o lo que sea, debe decidirlo por sí mismo cuando esté capacitado, no antes. Es uno de los grandes problemas de la religión es España.)

Cuando las instituciones religiosas barruntan superficialmente su responsabilidad e imputabilidad éticas, improvisan actitudes de arrepentimiento que se quedan en imploraciones insinceras de perdón colectivo. Pero no cesan en su ejercicio del timo religioso, alimentado por su implacable proselitismo universal a favor del timo supremo de "la vida después de morir". Pero, ¿cómo certificar que se produjo el timo, si no hay testigos de vista de los hechos trascendentales? En último término, el timado tendrá solamente la consolación de la esperanza; sin embargo, como quiera que esa esperanza se cifra en imposibles, resultará siempre frustrada. Ahora bien, una institución carece de conciencia y no es imputable de engaños o timos. Sólo son responsables los individuos en función de sus propios actos. Por consiguiente, las Iglesias ni pueden pedir perdón ni ser perdonadas, a no ser por medio de la irresponsable escenificación de un engaño suplementario. Son los sacerdotes y demás hombres de Iglesia, y sólo ellos, quienes deberían responsabilizarse personalmente del engaño mediante el cumplimiento de las sanciones penales, previa restitución a las víctimas por los daños causados; y, en caso de muerte, serán sus sucesores los obligados a prestar las correspondientes reparaciones físicas y morales. (Aquí el problema es la Iglesia en sí; me explico: La concepción de la iglesia de Cristo fué una iglesia de hermanos, no una institución de poder. Esto nos lleva muchas veces a caer en lo que el autor pretende explicar sobre que la Iglesia no puede pedir perdón ni ser perdonada. Si es verdad que una figura de referente ayuda a crecer a lso cristianos, pero en mi humilde opinión, el Papa no es un referente para mí, ya que ni lo conozco, ni me enseña nada nuevo. Los verdaderos referentes en nuestras vidas son esas pequeñas comunidades cristianas que comparten todo, esos cristianos que me enseñan con su vida, con su experiencia, que viven en la humildad y la sencillez, dándolo todo por los demás en un barrio pobre, o trabajando a favor de los que más lo necesitan...)

http://blogs.publico.es/dominiopublico/1206/el-timo-de-la-religion/

Gonzalo Puente Ojea es diplomático. Ex embajador de España en el Vaticano. Autor de La religión ¡vaya timo! (Ed. Laetoli)
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Espero que sepan perdonar o entender las anotaciones coherentes o incoherentes que me he atrevido a hacer, y que yo me haya sabido explicar. Escrito todo desde una opinión personal y visión propia, que puede o no ser la correcta. Animo a quien se haya quedado con alguna duda a escribirme un comentario o mail y charlar.

Hasta pronto. Besos y abrazos.

miércoles, 8 de abril de 2009

¿Vivir mejor o «el buen vivir»?

Interesantísimos conceptos que nos aporta en este artículo el genial filósofo, Leonardo Boff. Os aconsejo leerlo y releerlo y buscar más sobre lo coloreado. No tiene desperdicio.
Que disfrutéis.


Según la ideología dominante, todo el mundo quiere vivir mejor y disfrutar de una mejor calidad de vida. De modo general asocia esta calidad de vida al Producto Interior Bruto de cada país. El PIB representa todas las riquezas materiales que produce un país. Entonces, de acuerdo con este criterio, los países mejor situados son Estados Unidos, seguido de Japón, Alemania, Suecia y otros. El PIB es una medida inventada por el capitalismo para estimular la producción creciente de bienes materiales de consumo.

En los últimos años, a la vista del crecimiento de la pobreza y de la urbanización favelizada del mundo y hasta por un sentido de decencia, la ONU introdujo la categoría IDH, el «Índice de Desarrollo Humano». En él se incluyen valores intangibles como salud, educación, igualdad social, cuidado de la naturaleza, equidad de género y otros. Ha enriquecido el sentido de «calidad de vida», que era entendido de forma muy materialista: goza de una buena calidad de vida quien consume más y mejor. Según el IDH, la pequeña Cuba se presenta mejor situada que Estados Unidos aunque con un PIB comparativamente ínfimo.

Por delante de todos los países está Bután, encajonado entre la China y la India, a los pies del Himalaya, muy pobre materialmente, pero que estableció oficialmente el «Índice de Felicidad Interna Bruta». Ésta no se mide por criterios cuantitativos, sino cualitativos, como buen gobierno de las autoridades, distribución equitativa de los excedentes de la agricultura de subsistencia, de la extracción vegetal y de la venta de energía a la India, buena salud y educación y, especialmente, buen nivel de cooperación de todos para garantizar la paz social.

En las tradiciones indígenas de Abya Yala, nombre para nuestro continente indoamericano, en vez de «vivir mejor» se habla de «el buen vivir». Esta categoría entró en las constituciones de Bolivia y Ecuador como el objetivo social a ser perseguido por el Estado y por toda la sociedad.

El «vivir mejor» supone una ética del progreso ilimitado y nos incita a una competición con los otros para crear más y más condiciones para «vivir mejor». Sin embargo, para que algunos puedan «vivir mejor» millones y millones tienen y han tenido que «vivir mal». Es la contradicción capitalista.

Por el contrario, el «buen vivir» apunta a una ética de lo suficiente para toda la comunidad, y no solamente para el individuo. El «buen vivir» supone una visión holística e integradora del ser humano, inmerso en la gran comunidad terrenal, que incluye además de al ser humano, al aire, el agua, los suelos, las montañas, los árboles y los animales; es estar en profunda comunión con la Pachamama (Tierra), con las energías del Universo, y con Dios.

La preocupación central no es acumular. Además, la Madre Tierra nos proporciona todo lo que necesitamos. Con nuestro trabajo suplimos lo que ella por las excesivas agresiones no nos puede dar, o le ayudamos a producir lo suficiente y decente para todos, también para los animales y las plantas. El «buen vivir» es estar en permanente armonía con todo, celebrando los ritos sagrados que continuamente renuevan la conexión cósmica y con Dios.

El «buen vivir» nos convida a no consumir más de lo que el ecosistema puede soportar, a evitar la producción de residuos que no podemos absorber con seguridad y nos incita a reutilizar y reciclar todo lo que hemos usado. Será un consumo reciclable y frugal. Entonces no habrá escasez.

En esta época de búsqueda de nuevos caminos para la humanidad la idea del «buen vivir» tiene mucho que enseñarnos.


Leonardo Boff

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