jueves, 26 de febrero de 2009

¿Tenemos el derecho de ser felices cuando otros sufren?

Hoy os presento un artículo muy interesante. Está escrito en clave cristiana, lo que de seguro a muchos no le hará mucha gracia, pero puede entenderse en cualquier persona y circunstancia y os animo a leerlo igual, obviando alquellas partes que se vea escrito la palabra "Dios" o algo que haga referencia a él, o sustituyéndolo por la palabra que mejor pegue, como Amor, Mundo, Felicidad...

Al menos y lo más importante es que responde una pregunta (la que lleva por título), que me he hecho muchas veces y que a mi parecer responde con bastante acierto.

¿Seré algo insensible a la realidad que me rodea?

Que disfruteis.

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El soplo de Dios en nosotros es una profunda alegría. Cuando somos felices, estamos en armonía con Dios. Sin embargo, cuando otros sufren, nuestra felicidad no va acorde con su sufrimiento. Por ello, el apóstol Pablo escribe: Sí, «con los que estén alegres, alégrense», aunque también: «con los que lloran, lloren» (Romanos 12, 15). En efecto, estamos hechos para la alegría, pero frente al sufrimiento de los demás, llorar es la forma de mantenernos en la verdad.

La felicidad puede herir a aquellos que no la tienen. La satisfacción de los que han logrado algo, duele a los que han fracasado. El júbilo de los que se aman apena a los desamparados. Cuando aquellos que son felices además nos hacen sentir ese placer malsano por habernos suplantado, su felicidad se convierte entonces en algo verdaderamente insoportable. Un sentimiento de felicidad puede herir sin tener mala intención: Jesús describe en una parábola la felicidad de un rico «que todos los días celebraba esplendidos banquetes» sin ni siquiera darse cuenta de que el pobre Lázaro se sentaba a su puerta (Lucas 16, 19-21).

Llorar vale más que una felicidad así. Y, ¿cómo puede Pablo escribir: «Estén siempre alegres» (Filipenses 4, 4)? Si hay felicidad que hiere, también hay tristeza que duele. Cuando estoy triste y abatido, no espero que las personas cercanas a mí me agobien con sus tristezas, añadiendo su malestar al mío. ¿Qué hacer entonces cuando otros sufren? ¿Seguir alegres, a riesgo de herir con nuestra felicidad a aquellos que no son felices? ¿O estar tristes, a riesgo de que nuestra tristeza se añada a un malestar que ya de por sí es difícil de sobrellevar?

«Estén siempre alegres». Pablo continúa: «Que todo el mundo note lo compresivos que son» (Filipenses 4, 5). La alegría en cuestión radia bondad, dulzura. Esta alegría es en primer lugar interior. A veces, es casi imperceptible y no puede verse exteriormente. Es una alegría que se deja sentir delicadamente. Igual que en el frío invernal sienta bien estar cerca de una estufa que irradie calor, en momentos de desgracia, se agradece estar cerca de alguien cuya alegría profunda radie bondad.

¿Cuál es el secreto de una felicidad que no ofenda, sino que ponga en pie a los que sufren? Que sea una alegría “de pobre”, una felicidad no poseída, sino compartida.

No permitirse ser feliz cuando otros sufren podría conducir a un desaliento común. Podemos hacer algo mejor por aquellos que son desgraciados. Una de las cosas más valiosas que podemos ofrecer, es nuestra lucha oculta para mantener la alegría del Espíritu Santo, la alegría que radia bondad y comunica fuerza y coraje.

Encontrado en: Taizé

lunes, 16 de febrero de 2009

Deforestación y cambio climático

En mi opinión Greenpeace es una de las ONG que mejor trabaja el tema de la presión política y la reivindicación activa. Aunque sus métodos aveces rocen la ilegalidad (cuelga de carteles en edificios, montes, pintadas, etc.), más ilegal es la situación del mundo actual y que encima nos la provoquen unos cuantos (casi por completo, que nosotros tambíén tenemos nuestra culpa) así que, ANIMO Greenpeace!

Aquí os dejo un artículo que se puede leer en su página web, que lo disfruteis y os animo a conceor más afondo esta ONG que os atrapará.

Aquí podeis recibir su voletin mensual, haceros socios, etc: http://www.greenpeace.org/espana/

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La deforestación es la segunda causa de emisión de gases invernadero causantes del cambio climático a escala mundial. La deforestación supone hasta un 20% del total de las emisiones de gases de efecto invernadero y en este dato no se incluyen las emisiones procedentes de la degradación forestal causada por actividades como la tala industrial selectiva, tanto legal como ilegal.

Indonesia es, después de China y EE.UU. el tercer país emisor de gases invernadero. El cuarto lugar lo ocupa Brasil, país que posee la mayor extensión de bosques tropicales del planeta. !!Qué paradoja¡¡ Los bosques tropicales que juegan un papel crucial en la estabilización del clima planetario están en el origen del problema.
El informe Stern adelantó hace unos meses que una de las medidas con mayor eficacia para combatir el cambio climático es detener la deforestación. Y también es una de las conclusiones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas, el grupo de científicos que ha sido galardonado recientemente con el Premio Nobel de la Paz por su trabajo: evitar los serios impactos del cambio climático requiere grandes recortes en las emisiones derivadas de usos energéticos y una completa erradicación de la deforestación.

Los bosques y sus suelos son enormes almacenes de carbono, más que cualquier otro ecosistema terrestre. Según estudios de la FAO, almacenan cerca de 300 mil millones de toneladas de carbono, lo que equivale a cuarenta veces las emisiones anuales, al ritmo actual, procedentes de la quema de combustibles fósiles y la producción de cemento. Los bosques tropicales, donde más acelerada está siendo la deforestación, contienen el 40% de todo el carbono del planeta y juegan un papel vital en la mitigación de la creciente inestabilidad del clima.

Frenar la tala y posterior quema de los bosques para su conversión en cultivos, plantaciones forestales y pastos para el ganado, fundamentalmente en los países tropicales, se ha identificado como un elemento clave en la lucha contra el cambio climático. Por esta razón, detener la deforestación debe ser una prioridad de los gobiernos y un objetivo firme en la siguiente fase del Protocolo de Kioto.

Hay muchos intereses en juego en las negociaciones que tendrán lugar el próximo mes de diciembre en Bali (Indonesia), donde se incorporará a este acuerdo internacional el papel que juegan los bosques para mitigar el cambio climático. Pero antes de hablar de sumideros deberemos abordar el verdadero problema, la deforestación. No se puede abrir la vía de aceptar la idea “sumideros de carbono” a las nuevas reforestación o plantaciones, que muchas veces son más un problema que una solución, sin antes haber terminado con la lacra de la deforestación.

Miguel Ángel Soto, responsable de la campaña de bosques de Greenpeace.



Más de 30 activistas voluntarios de Greenpeace trabajan junto a vecinos de la zona en Sumatra (Indonesia) para contener las turberas.

viernes, 13 de febrero de 2009

5º Aniversario del Huerto del Rey Moro.


Con conciertillos, comida popular, fiesta de disfraces, etc!!!

No podeis faltar!




P.D: Enlazo al Comunicado del Consejo General de Colegios de Educadores y Educadoras (CGCEES) sociales acerca del Informe sobre Centros de Protección de Menores del Defensor del Pueblo. Muy nteresante conocer la opinión de estos profesionales. Totalmente deacuerdo con ellos.

jueves, 12 de febrero de 2009

La gente que me gusta

Por Mario Benedetti.


Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad.


Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite, huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.


Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de si, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto. Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.

A éstos los llamo mis amigos.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica. La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor. La gente que nunca deja de ser aniñada. Me gusta la gente que con su energía contagia.

Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera. Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.

Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. La gente que lucha contra adversidades. Me gusta la gente que busca soluciones.

Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni como lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen. Me gusta la gente que tiene personalidad.

Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.

La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la Fé, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, la humildad, el arrepentimiento, y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.

Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mi me doy por bien retribuido.

GRACIAS POR SER DE ESA GENTE

Imposible ganar sin saber perder.

Imposible andar sin saber caer.

Imposible acertar sin saber errar.

Imposible vivir sin saber revivir.

La gloria no consiste en no caer nunca, si no mas bien en levantarse todas las veces que sea necesario.

Y ESO ES ALGO QUE MUY POCA GENTE TIENE EL PRIVILEGIO DE PODER EXPERIMENTAR.

Bien aventurados aquellos que ya consiguieron recibir con la misma naturalidad el ganar o el perder, el acierto y el error, el triunfo y la derrota...




P.D: Enlazo al Comunicado del Consejo General de Colegios de Educadores y Educadoras (CGCEES) sociales acerca del Informe sobre Centros de Protección de Menores del Defensor del Pueblo. Muy nteresante conocer la opinión de estos profesionales. Totalmente deacuerdo con ellos.

lunes, 9 de febrero de 2009

El hoyo perfecto

A varios días de la conclusión de la Asamblea del Foro Social de Sevilla, he leido este nuevo artículo del genial Leonardo Boff, y os lo copio por que no tiene desperdicio.
Me gustaría resaltar la conclusión subrayada de azul: La cuestión no es económica. Es moral y espiritual.
A mi parecer, tiene toda la razón, hasta que este mundo no se conciencie que la formación moral, ética y cívica debe estar en la base de toda educación, (no tanta historia, matemáticas o física y química; ya que la verdad que en nuestro sistema educativo actual... sobran unos cuantos cursos...) y que ello es el único camino que nos llevará a la paz y la justicia, no cambiará la situación.
Ala, a disfrutar.

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Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique y uno de los más agudos analistas de la situación mundial, llamó a la actual crisis económico-financiera «la crisis perfecta». Putin, en Davos, la llamó «la tempestad perfecta». Yo por mi parte la llamaría «el hoyo perfecto». El grupo que compone la Iniciativa Carta de la Tierra (M. Gorbachev, S. Rockfeller, M.Strong y yo mismo, entre otros) advertía hace años: «no podemos continuar por el camino ya andado, por más llano que se presente, pues más delante se encuentra un hoyo abismal». Como un estribillo lo repetía también el Foro Social Mundial, desde su primera edición en Porto Alegre en el año 2001.

Pues bien, ha llegado el momento en que el hoyo ha aparecido. Dentro de él han caído grandes bancos, fábricas tradicionales, inmensas corporaciones transnacionales. Fortunas personales de miles de millones de dólares se han unido al barro de su fondo. Stephen Roach, del banco Morgan Stanley, también afectado, confesó: «Se equivocó Wall Street. Se equivocaron los reguladores. Se equivocaron las agencias de evaluación de riesgo. Nos equivocamos todos». Pero no tuvo la humildad de reconocer: «Acertó el Foro Social Mundial. Acertaron los ambientalistas. Acertaron grandes nombres del pensamiento ecológico como J. Lovelock, E. Wilson y E. Morin».

En otras palabras, los que se imaginaban señores del mundo -hasta el punto de decretar alguno de ellos el final de la historia-, que sostenían la imposibilidad de toda alternativa y que en sus concilios ecuménico-económicos promulgaron los dogmas de la perfecta autorregulación de los mercados y de la única vía, la del capitalismo globalizado, han perdido ahora todo su latín. Andan tan confusos y perplejos como un borracho por una calle oscura. El Foro Social Mundial, sin orgullo pero con sinceridad, puede decir: «nuestro diagnóstico era correcto. No tenemos todavía la alternativa pero una cosa es segura: este tipo de mundo ya no tiene capacidad para seguir y proyectar un futuro de inclusión y de esperanza para la humanidad y para toda la comunidad de vida». Si continúa, puede poner fin a la vida humana y herir gravemente a la Pachamama, la Madre Tierra.

Sus ideólogos tal vez no crean ya en dogmas y se contenten con el catecismo neoliberal, pero andan buscando un chivo expiatorio. Dicen: «No es el capitalismo en sí el que está en crisis. Es el capitalismo de corte norteamericano que gasta un dinero que no tiene en cosas que la gente no necesita». Uno de sus sacerdotes, Ken Rosen, de la Universidad de Berkeley, por lo menos ha reconocido: «El modelo de Estados Unidos está equivocado. Si todo el mundo utilizase el mismo modelo, nosotros ya no existiríamos».

Hay aquí un engaño evidente. La razón de la crisis no está solamente en el capitalismo estadounidense como si hubiera otro capitalismo correcto y humano. La razón está en la lógica misma del capitalismo. Ya J. Chirac y una gama considerable de científicos han reconocido que si los países opulentos situados en el Norte quisiesen generalizar su bienestar a toda la humanidad, necesitaríamos por lo menos tres Tierras iguales al actual.

El capitalismo es, por su propia naturaleza, voraz, acumulador, depredador de la naturaleza, creador de desigualdades y sin sentido de solidaridad hacia las generaciones actuales y mucho menos hacia las futuras. No se le quita la ferocidad a un lobo haciéndole algunas caricias o limándole los dientes. El lobo es feroz por naturaleza. Igualmente, el capitalismo, poco importa el sitio donde se realice, ya sea en Estados Unidos, en Europa, en Japón o en Brasil, cosifica todas las cosas, la Tierra, la naturaleza, los seres vivos y también a los humanos. Todo forma parte del mercado, y de todo se puede hacer negocio. Este modo de habitar el mundo regido solamente por la razón utilitarista ha cavado el hoyo perfecto. Y ha caído en él.

La cuestión no es económica. Es moral y espiritual. Solo saldremos del hoyo a partir de otra relación con la naturaleza, sintiéndonos parte de ella y viviendo la inteligencia del corazón que nos hace amar y respetar la vida y a cada ser. De lo contrario, continuaremos en el hoyo en el que el capitalismo nos ha metido.

Leonardo Boff

miércoles, 4 de febrero de 2009

La fuerza curativa de la ecología interior

Losiento, pero ando algo ocupado, hecho que no me permite actualizar con la asiduidad que yo querría. Si a eso le añadimos que me he lesionado un dedo y me cuesta escribir con el ordenador pues...
Aquí os traigo un nuevo artículo de Leonardo Boff, interesantísimo.



En tiempos de crisis como el nuestro buscamos fuentes de inspiración allí donde se encuentren Una de ellas es la ecología interior. Para evaluar su importancia debemos concienciarnos de que nuestra relación con la Tierra, por lo menos en los últimos siglos, está basada en falsas premisas éticas y espirituales: antropocentrismo, negación del valor intrínseco de cada ser, dominación de la Tierra, depredación de sus recursos. Tales premisas han producido el actual estado de enfermedad de la Tierra que repercute en la psique humana.

Así como existe una ecología exterior, existe también una ecología interior hecha de solidaridad, sentimiento de re-ligación con el todo, cuidado y amorización. Ambas ecologías están ligadas umbilicalmente. Es lo que se conoce como psicología ambiental o, en la expresión de E. Wilson, como biofilia. Su base no es sólo antropológica sino también cosmológica, pues el propio universo, según reconocidos astrofísicos, como Brian Swimme entre otros, tendría una profundidad espiritual. El universo no está solamente formado por el conjunto de objetos, sino por el tejido de relaciones entre ellos, haciéndolos sujetos que intercambian informaciones y se enriquecen.

A partir de la ecología interior, la Tierra, el Sol, la Luna, los árboles, las montañas y los animales no están solamente ahí fuera, viven en nosotros, como figuras y símbolos cargados de emoción. Las experiencias -buenas o traumáticas- que hayamos tenido con estas realidades dejaron marcas profundas en la psique. Esto explica la aversión hacia algunas o la afinidad que sentimos respecto a otras.

Tales símbolos configuran una verdadera ecología interior, cuyo código de descifrado constituyó una de las conquistas espirituales del siglo XX, con Freud, Jung, Adler, Lacan, Hillmann y otros. En lo más profundo de nosotros, según C.G. Jung, brilla el arquetipo de la Imago Dei, del Absoluto. Nadie trabajó mejor que Viktor Frankl esta dimensión que él llama inconsciente espiritual, y los modernos denominan mystical mind o punto Dios en el cerebro. En último término, ese inconsciente espiritual es expresión de la espiritualidad misma de la Tierra y del universo que irrumpe a través de nosotros, que somos la parte consciente del universo y de la Tierra.

Esa profundidad espiritual nos hace entender, por ejemplo, esta ejemplar actitud ecológica de los indios Sioux de Estados Unidos. En algunas fiestas rituales ellos se deleitan con cierto tipo de frijoles que crecen en el suelo profundo y son difíciles de recolectar. ¿Qué hacen los Sioux? Se aprovechan de las reservas que una especie de ratón propia de las praderas de la región acumula para consumir en el invierno. Sin esa reserva correrían peligro de morir de hambre. Al tomar sus frijoles, los Sioux tienen clara conciencia de que están rompiendo la solidaridad con el hermano ratón y que le están robando. Por eso hacen esta conmovedora oración: «Tu, ratoncito, que eres sagrado, ten misericordia de mí. Tú, sí, eres débil, pero suficientemente fuerte para hacer tu trabajo, pues fuerzas sagradas se comunican contigo. Tú eres también sabio, pues la sabiduría de las fuerzas sagradas siempre te acompaña. Que yo pueda también ser sabio en mi corazón para que esta vida sombría y confusa sea transformada en permanente luz». Y como señal de solidaridad, al sacar los frijoles dejan en su lugar pedacitos de tocino y maíz. Los Sioux se sienten unidos espiritualmente a los ratones y a toda la naturaleza.

Urge resucitar este espíritu de mutua pertenencia porque lo perdemos por el exceso de individualismo y de competición que subyacen bajo la crisis actual.

El sistema imperante saca de quicio el deseo de tener, a costa de otro deseo más fundamental, que es el de ser y el de elaborar nuestra propia singularidad. Esto exige capacidad de oponerse a los valores dominantes y de vivir ideales ligados a la vida, a su cuidado, a la amistad y al amor.

La ecología interior, también llamada ecología profunda (deep ecology), busca despertar el chamán que se esconde en cada uno de nosotros. Como todo chamán podemos entrar en diálogo con las energías que trabajan en la construcción del universo, desde hace 13.700 millones de años. Sin una revolución espiritual será difícil que salgamos de la actual crisis, que exige un nuevo contrato con la vida y con la Tierra. De lo contrario, seguiremos errantes y solitarios.

Leonardo Boff

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