domingo, 12 de abril de 2009

Algo sobre Religión...

Buscando artículos interesantes para publicar por aquí referentes a la religión, ya que estamos en una semana especial para los cristianos, os podeis imaginar lo que se puede encontrar...
Desde cositas esperanzadoras, llenas del "milagro de Cristo", de ese amor que profesó; Hasta penosos artículos que critican sin conocer o hablan sin razón.

Espero que sepais ver en el fondo de estos últimos, pues hacen un daño muy grande a los que creemos en que "la religión libera". (Pero claro, hay que conocer un poquito sobre ella...)

Aquí teneis un pequeño ejemplo de esa esperanza:

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El arzobispo pondrá parte de sus ahorros para la iniciativa

La archidiócesis de Nápoles creará un banco de microcréditos para pobres

El arzobispo de Nápoles, el cardenal Crescenzio Sepe, aportará el sueldo de un año y parte de sus ahorros personales para poner en marcha el fondo de un banco diocesano que concederá microcréditos a personas necesitadas. Así lo asegura en su carta pastoral "¿Dónde compraremos el pan?", presentada esta semana en Nápoles, en la que explica que la iniciativa pretende responder a la crisis actual y concretamente a "emergencias de jóvenes desempleados y de aquellos que han perdido o van a perder sus puestos de trabajo".

(Zenit/ReL) "Cristo quiere usar hoy nuestras manos para repartir el pan del compartir, de la fraternidad, de la caridad", señala, e invita a los que puedan a ayudar a financiar la iniciativa.

El cardenal explica que "lejos de ser una mera práctica del asistencialismo, el microcrédito es una manera de resucitar la creatividad de nuestro pueblo" y "significa tener el coraje de creer y apostar por la posibilidad de multiplicar los panes y los peces".

La carta pastoral debe su título a una pregunta que los discípulos dirigen a Jesús antes del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, narrada en el Evangelio de Juan: ¿Dónde podemos comprar pan para darles de comer?

El cardenal Sepe destaca que también en estos tiempos de crisis "nos enfrentamos a una multitud hambrienta que, como ovejas sin pastor, pide pan".

"Ofrecer una oportunidad a aquellos que buscan el pan es la única manera que tenemos los cristianos para afrontar el desempleo y la nueva pobreza contribuyendo a la reestructuración del tejido social en un momento en el que la economía no ofrece oportunidades", añade.

La diócesis impulsa esta iniciativa "en continuidad con lo que han dicho los obispos italianos que han incitado a "una cruzada de amor y de socorro" y apoyan la creación de un fondo de solidaridad para desempleados", explica.

En su carta pastoral, el cardenal describe la crisis actual, indicando que "hemos construido nuestra sociedad sobre arena y no sobre roca, basándonos en el mero cálculo económico; hemos elevado la enésima torre de Babel".

"Creíamos que la globalización de los mercados supondría una mayor prosperidad y riqueza para todos, pero en lugar de eso hemos globalizado la pobreza", añade.

"Y ahora, en la tarde, todos nos juntamos en el mismo barco y, al igual que los discípulos, mientras el Maestro les instaba a que tuvieran cuidado con la levadura de los fariseos, no sabemos decir otra cosa que: "No tenemos pan".

El arzobispo de Milán afirma también que se siente interpelado por el sufrimiento causado por la crisis, especialmente en los más pobres, y señala que "la Iglesia, como siempre, se siente fuertemente comprometida con esta causa, ya que la considera como su misión, su servicio, como muestra de su fidelidad a Cristo, para ser realmente "Iglesia de los pobres'".

Publicado el 12 Abril 2009 en http://www.religionenlibertad.com

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Por otro lado este es uno de esos artículos que me despiertan pena al leerlos, ya que leo un odio infundado que es muy difícil desterrar de las personas y que no nos hace nigún bien, "ni a él ni a mí." (En rojo mis aportes)


El timo de la religión

Público

Un timo es la "acción y efecto de timar", y por timar debe entenderse, en su acepción general, "quitar o hurtar con engaño". Pero, en un sentido más específico y relevante, timo significa "engañar a otro con promesas y esperanzas" (DRAE). En esta clase de engaños existe una subclase especialmente dramática, en virtud del alcance y las consecuencias que puede tener en la vida personal de los timados. Me refiero al timo de la religión.

Lo que en este timo resulta definitorio consiste en prometer algo que es de toda evidencia contra natura: la negación de la muerte (en la religión cristiana la muerte no es entendida como la muerte del cuerpo, los cristianos morimos cada día para volver a la vida renovados al día siguiente, o morimos en parte cuando nuestros familiares fallecen, o cuando vemos una injusticia...) y la afirmación de una felicidad plena. (¿felicidad plena contra natura? Que pocas ganas de vivir tiene este hombre. Los cristianos creemos que la finalidad del hombre es la búsqueda de esa felicidad, en la felicidad de los demás, pero al igual que con la paz, la misma felicidad es el camino para ello. Por encima de todo hay que ser feliz y sobre todo "estar feliz" con uno mismo en este mundo, ya que sólo tenemos una vida para serlo.) Por esta razón nuclear y fantástica, y por algunos de sus corolarios, al timo religioso le ha cabido el honor histórico de ser el padre de los demás timos, y así, el más pernicioso, pues su engaño descansa sobre el mito más irreal generado por la mente humana: el de la existencia de almas y espíritus inmateriales como entes reales, (el cristianismo entiende el alma de una persona como su forma de ser, como aquello que les lleva a actuar de una determinada manera. También puede ser nuestro "Dios interior", os explico. Al creer que Cristo fue Dios y no sólo un mero Profeta, creemos también que todas las personas son Dios de alguna manera y que Dios está en todas las personas, de ahí el alma.) y también de sus derivados, los dioses de los politeísmos, el Dios de los monoteísmos y los espíritus de los panteísmos (Cuanto daño nos han hecho aquí las distintas sectas o errores de la iglesia, que también los a tenido, muchos y muy importantes).

Para que ocurra un timo se precisa una relación de engaño entre dos sujetos: el timador y el timado. Y además se requiere un referente que especificará la naturaleza concreta del engaño. En esa relación, el oferente promete lo que en la fase profética de la religión se llamó la salvación personal (lo que antes llamábamos felicidad plena), porque está asistido por Dios o el gran Espíritu y cuenta con su delegación. Es decir, actúa por procuración divina (por que Dios está en todos nosotros como he dicho antes, y si de verdad una persona cree que Dios actúa por medio de él, él debe llevar a cabo el plan de Dios en su vida, que puede ser algo tan simple como vivir humilde y sencillamente. Aunque esto tiene el peligro de que las personas actúamos creyendo que tenemos la única razón absoluto, lo cual es en la mayoría de los casos, falso.) o parte ya como un redentor divinizado que ostenta el poder de cumplir la realización de las promesas pactadas. Porque el vínculo personal constituido por la fe religiosa es un contrato sinalagmático (del verbo griego synallásso o synallátto: unir, pactar, conciliar), por el cual el oferente propone al ofertado una especie de trato jurídico recíproco que obliga a ambos al cumplimiento íntegro de lo prometido, de modo que, en caso de incumplimiento, las partes asumen la condición de felones según quien sea o no el culpable de la ruptura. (Los tratos que hacemos con Dios y sin hacerme falta una persona medidora que lo represente en la tierra, son de total libertad personal.Ni Dios ni nadie me puede exigir que lo cumpla si yo no quiero. Hay una pega, y es que Dios confía en mí, es decir, confía en que si dejo de cumplir nuestro "trato" -responsabilidad que tomo personal y libremente de llevar una vida tal y cual...- es con alguna causa importante, razonadamente y consciente de lo que hago. En el fondo creemos que la vida que nos guarda Dios es la que nos lleva a la felicidad por lo que nunca la dejaremos, salvo escepciones claro.)

Sin embargo, la constatación del incumplimiento que debe exhibir la parte que se considere perjudicada resulta muy problemática en el momento de atribuir la carga de la prueba. Si esto ya es así en las causas jurisdiccionales terrenales, imagínese el lector qué sucede cuando el contrato recae entre almas, espíritus y dioses, entre ángeles y demonios o entre la demás ralea de esos espacios celestes o infernales en los que se lucha por premios o castigos eternos, o por rebajas de pena a golpe de costosísimas indulgencias, o por intercesiones de vírgenes y santos con clientelas propias, con trámites complejos y costosos en los cuales los "económicamente débiles" suelen estar en condiciones evidentes de inferioridad. Una dificultad prácticamente insuperable se presenta cuando el máximo tribunal divino tiene que decidir quién se ha salvado o condenado, estableciendo así, sin réplica, lo siguiente: si se ha producido ya un incumplimiento insanable; quién ha sido el imputable, y qué pena o premio le corresponde. En esta coyuntura se da la curiosísima situación de que el tribunal divino es juez y parte, y por su propia entidad es omnisciente, justiciero y misericordioso. Cualquier intención del condenado de clamar inocencia no sólo pondría en cuestión la excelencia del tribunal, sino que su rebeldía demostraría la justicia de la sentencia y su ineludible condición de réprobo

Lo chocante y espantoso del timo religioso consiste en su inicua ventaja sobre los timos mundanos: mientras todos los códigos jurídicos modernos establecen garantías en relación con la celebración y el cumplimiento de los contratos –exigiendo una eficiente identificación personal de los contratantes o una declaración de sus voluntades sin coacción o intimidación, etc.–, las confesiones de fe se atribuyen ritualmente por las Iglesias a recién nacidos, enfermos, moribundos, torturados en las mazmorras de la Inquisición o poblaciones enteras en virtud de concordatos fraudulentos que enajenan la voluntad de las personas y la soberanía de los Estados. Los fieles depositan sus conciencias en el palio de sus iglesias mediante una fe transmitida mecánicamente en el hogar y la escuela, una fe meramente gestual y vehiculada por mitos infantiles y creencias que, al ser aceptadas sin verdadera convicción y sin escrutinio intelectivo, degradan la dignidad humana y dañan la capacidad cognitiva de sujetos dotados de los atributos innatos de inteligencia y creatividad. (Aquí debo decir que estoy "casi a favor" de lo que dice el autor. La religión debe liberar, y si no lo hace, es por que la tradición nos fuerza a acatar tal religión desde que nacemos y sin conocimiento de causa. Si alguien quiere o no ser cristiano, católico, musulmán o lo que sea, debe decidirlo por sí mismo cuando esté capacitado, no antes. Es uno de los grandes problemas de la religión es España.)

Cuando las instituciones religiosas barruntan superficialmente su responsabilidad e imputabilidad éticas, improvisan actitudes de arrepentimiento que se quedan en imploraciones insinceras de perdón colectivo. Pero no cesan en su ejercicio del timo religioso, alimentado por su implacable proselitismo universal a favor del timo supremo de "la vida después de morir". Pero, ¿cómo certificar que se produjo el timo, si no hay testigos de vista de los hechos trascendentales? En último término, el timado tendrá solamente la consolación de la esperanza; sin embargo, como quiera que esa esperanza se cifra en imposibles, resultará siempre frustrada. Ahora bien, una institución carece de conciencia y no es imputable de engaños o timos. Sólo son responsables los individuos en función de sus propios actos. Por consiguiente, las Iglesias ni pueden pedir perdón ni ser perdonadas, a no ser por medio de la irresponsable escenificación de un engaño suplementario. Son los sacerdotes y demás hombres de Iglesia, y sólo ellos, quienes deberían responsabilizarse personalmente del engaño mediante el cumplimiento de las sanciones penales, previa restitución a las víctimas por los daños causados; y, en caso de muerte, serán sus sucesores los obligados a prestar las correspondientes reparaciones físicas y morales. (Aquí el problema es la Iglesia en sí; me explico: La concepción de la iglesia de Cristo fué una iglesia de hermanos, no una institución de poder. Esto nos lleva muchas veces a caer en lo que el autor pretende explicar sobre que la Iglesia no puede pedir perdón ni ser perdonada. Si es verdad que una figura de referente ayuda a crecer a lso cristianos, pero en mi humilde opinión, el Papa no es un referente para mí, ya que ni lo conozco, ni me enseña nada nuevo. Los verdaderos referentes en nuestras vidas son esas pequeñas comunidades cristianas que comparten todo, esos cristianos que me enseñan con su vida, con su experiencia, que viven en la humildad y la sencillez, dándolo todo por los demás en un barrio pobre, o trabajando a favor de los que más lo necesitan...)

http://blogs.publico.es/dominiopublico/1206/el-timo-de-la-religion/

Gonzalo Puente Ojea es diplomático. Ex embajador de España en el Vaticano. Autor de La religión ¡vaya timo! (Ed. Laetoli)
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Espero que sepan perdonar o entender las anotaciones coherentes o incoherentes que me he atrevido a hacer, y que yo me haya sabido explicar. Escrito todo desde una opinión personal y visión propia, que puede o no ser la correcta. Animo a quien se haya quedado con alguna duda a escribirme un comentario o mail y charlar.

Hasta pronto. Besos y abrazos.
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