jueves, 2 de octubre de 2008

Che Guevara: ¿mito o historia?

JOSÉ LUIS CASAS SÁNCHEZ
30/09/2008

Che Guevara: ¿mito o historia?

A lo largo de la historia los seres humanos hemos construido gran cantidad de mitos, de tal modo que a partir de una realidad histórica concreta se ha desarrollado toda una elaboración intelectual que levanta un mundo tan teórico como real.

Quiero decir que, una vez que el mito ha nacido, lo de menos es si se corresponde o no con la historia, porque lo único que importa es que a partir de ese momento lo que tiene repercusión social es la parte inventada. Quizá algo de esto haya ocurrido con uno de los mitos más sobresalientes de la historia mundial en el último cuarto del siglo XX: Ernesto Guevara, el Che.

Uno de sus biógrafos, Jorge G. Castañeda, llega a la siguiente conclusión sobre su figura: “Las condiciones de su muerte son inseparables de la leyenda que engendraron; de la misma manera el instante en que fallece está ligado a la aureola de admiración que creó la inerte y límpida mirada del cadáver de Vallegrande… El Che feneció en la víspera de un año crucial para la segunda mitad del siglo XX: 1968, cuando, por última vez, todo parecía posible y, por primera vez, la juventud de una buena parte del mundo se entregó a una breve revuelta que resultó decisiva para la historia del siglo”. Vemos unidos en estas frases dos mitos, el del médico argentino que se unió a Fidel y que participó de manera activa en la revolución cubana y el del mayo del 68, un acontecimiento que unos califican de glorioso mientras que otros lo designan como el culpable de muchos males.

La conversión de Guevara en un mito fue producto de al coyuntura en que murió, más de la que vivió. El panorama internacional a finales de los 60 y primeros años 70 potenció la imagen de un guerrillero altruista, desprendido y dispuesto a dar su vida por la revolución. Muchos desconocían entonces la evolución que el Che había experimentado a lo largo de su vida, sus primeros pasos en la adquisición de un bagaje teórico marxista, sus planteamientos próximos a los postulados soviéticos durante algún tiempo y luego su distanciamiento de los mismos.

Guevara fue protagonista de una revolución, no fue un espectador, y en consecuencia participó de lo bueno y de lo malo de la misma. En los primeros días de enero de 1959 tenía claro que su lugar no estaba en La Habana, se lo dice a quien entra con él en el cuartel de La Cabaña: “el acuerdo que yo hice con Fidel fue participar en la lucha guerrillera de Cuba y después tener libertad de opción de pasar a otro lugar para hacer lo mismo que había hecho en Cuba”.

Fue en aquel cuartel donde se produjeron las ejecuciones de las que luego tanto se le ha acusado, y sobre las cuales quizás lo más importante es que se produjeron sin garantías jurídicas para los detenidos y luego ejecutados. Todos coinciden en señalar que se cumplían órdenes de Fidel, en lo que hay discusión es en el papel de Guevara, pues unos testimonios hablan de su disfrute mientras que otros refieren su sufrimiento cada vez que tenía lugar una ejecución.

Poco después, el 6 de marzo de 1960, llegaría la famosa foto de Alberto Korda. El Che estuvo en la parte de atrás de una tribuna desde la que habló Fidel, acompañado ese día por Sartre y Simone de Beauvoir. La fotografía salió de Cuba en 1967 de la mano del editor italiano Giangiacomo Feltrinelli, que fue quien editó por primera vez un cartel con la famosa foto al morir el Che en Bolivia. La primera tirada fue de un millón de ejemplares.

Había nacido uno de los más grandes iconos del siglo XX, pero lo lamentable es que hoy, en el siglo XXI, haya quien todavía no sea capaz de traspasar los límites de un cartel, de un póster, quien se escandalice, como le ha ocurrido recientemente a la señora Rahola, porque aún se mantenga viva la figura de un personaje tan contradictorio, producto de su momento histórico, y sin duda tan atractivo como Ernesto Guevara. De lo que no hay duda es que muchos no han sabido ver más allá de aquella imagen tan difundida, es necesario leer, analizar y situar la historia de cada personaje en su contexto. Para lo bueno y para lo malo.

* José Luis Casas Sánchez es Profesor

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Lo interesante para mí de este artículo, además de su excelente revisión de la historia, es su último párrafo. Qué cierto es que el Ché se ha convertido en una imagen, en un producto... Yo mismo tengo una gorra con su imagen y su nombre, estilo hippy como no.

No es malo, claro que no, siempre y cuando valla en coherencia con unos valores, un conocimiento de causa y una ideología determinada que, por desgracia, no todo el mundo conoce ni comparte.

El Ché producto de la globalización y el consumismo... Quién se lo iba a decir a él.


En este blog amigo, otro artículo muy interesante sobre el Ché: http://www.wikitiano.com/post.php?id=14

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